el pais

Sept. 11, 2003

REFERENDUM | Parecería que es lo único que la izquierda sabe hacer para frenar los cambios

El Uruguay ha carecido de gobiernos creativos durante un largo período

Si el país no encuentra el modo de insertarse en un mercado globalizado, deberá resignarse a tener una economía débil y dependiente

 

El profesor Martin Weinstein, PhD en ciencia política, es uno de los pocos académicos norteamericanos expertos en asuntos de Uruguay. Sus comentarios acerca de los acontecimientos en nuestro país son a menudo mencionados en la prensa especializada de Estados Unidos, mientras que su opinión suele ser requerida por las corporaciones privadas y el Departamento de Estado. Su amor declarado por esta tierra, a la que "descubrió" por casualidad hace más de treinta años y a la que sigue visitando asiduamente, no le impide ver los defectos de los uruguayos ni señalar la incapacidad de los sucesivos gobiernos en resolver las dificultades económicas que han aquejado al país casi ininterrumpidamente desde fines de la Guerra de Corea.

Entrevistado por ECONOMIA & MERCADO en "El Refugio", su casa de campo en Massachussets, el Prof. Weinstein destacó que Uruguay no hizo mayores esfuerzos para que su economía despegara con vigor. Le bastó con que Argentina y Brasil crecieran. De esa manera, el país nunca llegó a tener grandes booms económicos y esa misma moderación le evitó sufrir caídas dramáticas. Sin embargo, la crisis actual ha demostrado que esos días terminaron para siempre.

Martin Weinstein estuvo por primera vez en Montevideo con una beca Fulbright entre 1969 y 1970 para fundamentar su tesis doctoral "Uruguay: Las políticas del fracaso", que se publicó en 1973. Este trabajo analiza cómo nuestro país se derrumbó desde el punto de vista político y económico luego de un período de auge que, con altibajos, se extendió durante toda la primera mitad del siglo XX. Habiendo seguido de cerca los sucesos de Uruguay durante la dictadura militar, el entrevistado retornó al país con la restauración democrática para escribir su segundo opus titulado "Uruguay: Democracia en la encrucijada", editado en 1988, que trata los problemas que se le presentaron a la sociedad uruguaya y sus instituciones en esa época.

¿Cómo evalúa la situación general de Uruguay?

Uruguay ha fracasado en encontrar un modelo de crecimiento sustentable luego del proyecto batllista de la primera mitad del siglo XX. El problema de Uruguay es que no ha tenido un proyecto de país desde el punto de vista económico y aún no se vislumbra ninguno. El crac económico de los años ochenta se puede atribuir a la primera crisis de la deuda externa en América Latina, al quiebre de la "tablita", a la incapacidad del régimen militar o a cualquier otro factor que se nos ocurra, pero ahora ha sufrido un segundo crac, que es aún peor que aquel. Sabemos que se debió a los efectos, primero, de la devaluación brasileña de 1999 y, luego, del derrumbe económico argentino. Sin embargo, la evolución histórica de su economía nos muestra que las dificultades económicas siguen sin resolverse desde el fin de la Guerra de Corea por la falta de capacidad de los sucesivos gobiernos para cambiar una estructura productiva basada en carne y lana o, por lo menos, lograr que la producción de esos commodities sea más competitiva comparada con la de Australia y Nueva Zelanda.

A su juicio, ¿qué le ha impedido a este país superar sus problemas económicos?

Uruguay depende necesariamente de los mercados externos para sostenerse, porque no se puede pretender que un país de poco más de tres millones de habitantes pueda desarrollarse en base a su mercado interno. El mayor defecto de los sucesivos gobiernos es que no le han prestado la debida atención a los cambios que ha experimentado el mundo con la globalización ni han pensado mucho en la forma de poder insertarse en él. No digo que esa sea una tarea fácil, pero hay muchos ejemplos de países con una producción agropecuaria similar a la uruguaya que sí lo han conseguido. Si Uruguay continúa sin hacer un intento serio para no quedar supeditado al precio internacional de un par de commodities o para trazar un modelo que alivie esa dependencia, especialmente en los ciclos de baja o de shocks regionales o globales negativos, su economía va a afrontar riesgos cada vez mayores. Paradójicamente, a esa situación sería llevada una sociedad que no es nada afecta al riesgo.

¿En qué se basa para caracterizar así a la sociedad uruguaya?

Por un largo tiempo, Uruguay no hizo mayores esfuerzos para que su economía despegara con vigor. Le bastó con que Argentina y Brasil crecieran. De esa manera, el país nunca llegaba a tener grandes booms económicos, pero esa misma moderación le evitaba sufrir caídas dramáticas. Sin embargo, la crisis actual ha demostrado que esos días terminaron para siempre. El país tiene que encontrar una vía apta para insertarse de mejor modo en la economía global. De lo contrario, deberá resignarse a tener una economía débil y dependiente de sus vecinos.

¿Qué sugiere que se haga para hallar esa vía?

No tengo una respuesta desde el punto de vista estrictamente económico. Sin embargo, Uruguay posee una gran riqueza en capital humano. Esto lo habilita a desarrollar intensivamente la industria del conocimiento, que hoy ya existe y funciona con éxito a pequeña escala en el país. Si se decide a recorrer ese camino, seguramente ingresarán capitales de riesgo y mucha gente podrá conseguir empleos bien remunerados. No digo que la informática sea la única área para explotar, pero ese podría ser un buen comienzo para empezar a pensar en un proyecto de país.

¿Concibe un desarrollo económico de Uruguay ajeno a la región?

La década de los noventa --hasta 1998-- demostró que la apuesta de Uruguay al Mercosur no fue un error. La economía uruguaya tuvo una performance muy buena durante esos años basándose en el crecimiento de sus vecinos, pero también llevando adelante algunas políticas que le permitieron adaptarse rápidamente a un esquema de integración económica. No había razones de peso para desconfiar del éxito del Mercosur.

El futuro crecimiento del Mercosur es vital para Uruguay debido a que su economía seguirá expuesta a la evolución de sus similares de Argentina y Brasil. Sin embargo, el incremento de sus exportaciones a Estados Unidos y otros mercados extrarregionales es una vía para asegurar un desarrollo económico sostenido a largo plazo. Esto supone el beneficio agregado de que los productos uruguayos se conocerán mejor y, por tanto, se estimulará el interés por la inversión en el país.

Proyecto de país

¿Qué sectores de la sociedad uruguaya podrían liderar el diseño de un proyecto de país?

Difícilmente surja de la comunidad empresarial que históricamente ha dado muestras de tener aversión al riesgo, lo que se contradice con la definición de un entrepreneur. Quizás, un proyecto de ese tipo debería ser impulsado conjuntamente por empresarios jóvenes y la clase política, que necesita demostrar su capacidad de liderazgo en estos tiempos tan difíciles.

¿Considera factible que un sistema político dividido en dos mitades antagónicas pueda lograr acuerdos para llevar a cabo reformas estructurales básicas?

Indudablemente el equilibrio existente entre los partidos políticos tradicionales y el Encuentro Progresista/Frente Amplio constituye una seria dificultad para definir qué tipo de país se quiere construir para el mediano y largo plazo. Uno de los problemas que tiene la mayor parte de la izquierda en Uruguay es que sabe claramente a qué se opone --lo que se puede explicar porque fue muy perseguida durante la dictadura militar-- pero no tiene propuestas válidas para una economía del siglo XXI. Ya hemos visto cómo se ha utilizado el instituto del referéndum en Uruguay. Ha sido un mecanismo para derogar normas aprobadas por el Poder Legislativo, un órgano elegido en forma democrática y altamente representativo del electorado, en donde se debaten exhaustivamente todos los proyectos de ley. Si bien el derecho de recurrir al referéndum está consagrado por la Constitución, parecería indicar que es lo único que la izquierda sabe hacer para frenar los cambios al no haber ofrecido propuestas alternativas hasta ahora.

Izquierda y reformas

Ante esta situación, ¿qué perspectivas de cambios vislumbra en el corto plazo?

Como el EP/FA cree que puede ganar las próximas elecciones, su líder, Tabaré Vázquez, está viajando al exterior y relacionándose con gobiernos extranjeros y organismos internacionales. Quizás esa postura de la izquierda de decir "no" a todo empiece a cambiar y, eventualmente, podría hacer propuestas no tan distintas a las reformas que apuntaban a la asociación de Antel y Ancap con empresas privadas.

¿Podría un gobierno de izquierda llevar adelante ciertas reformas que coloquen a la economía uruguaya en el siglo XXI?

Si vemos lo que ha sucedido con Lula en Brasil, aunque reconozco que todavía es muy temprano para dar un juicio definitivo, y con algunos de los procesos de transición que ocurrieron en Europa Oriental, se puede argumentar con una buena dosis de razón que la izquierda actual en todo el mundo es mucho más pragmática que antes del colapso de la Unión Soviética. La izquierda en el gobierno de Uruguay --algo sin precedentes ya que siempre ha actuado en la oposición-- podría realizar más reformas de las que uno imagina y que los partidos tradicionales no se han animado a encarar.

¿No resulta algo ingenuo pensar que un partido que ha sido el adalid del estatismo achique el Estado cuando llegue al gobierno?

Tampoco nadie pensó jamás que sería el presidente Richard Nixon quien reconociera a la República Popular China. Soy optimista en el sentido de que un consenso permitirá que se produzcan algunos cambios en la estructura del Estado debido a la necesidad de los mismos así como a la dinámica en la que la izquierda se verá inmersa en caso de ganar las próximas elecciones. El programa de reformas de la izquierda no será igual al que aspiran los blancos o los colorados, pero deberá contener algunos elementos que conformen a los partidos tradicionales. Nadie se va a poder salir totalmente con la suya. La democracia es una forma extremadamente complicada de gobierno y eso lo comprobamos todos los días en Estados Unidos.

¿Cree que si el EP/FA llegase al poder, tendría flexibilidad para negociar en temas económicos con los partidos tradicionales?

Reconozco que ha sido muy difícil negociar con la izquierda en Uruguay porque, históricamente, siempre se ha visto y sentido como la verdadera oposición. En la medida que el EP/FA se acerque al poder, excepto que quiera desempeñar el papel del tonto, deberá ser más pragmático en sus esquemas. Como quizás sienta que no será oposición por mucho tiempo, es probable que sus líderes comiencen a proponer soluciones prácticas. Es muy distinto para un partido político vivir en la oposición que ser elegido para gobernar. Para un buen político esa situación le genera una enorme responsabilidad. Y la responsabilidad de gobernar significa moderación. Ese concepto demostró ser cierto cuando los partidos de centro-derecha gobernaron luego de la dictadura militar y es factible que también se cumpla para la izquierda.

Empleados públicos

¿Qué puede esperarse de las reformas estructurales de un gobierno del EP/FA?

La clave para resolver este tema es similar a la pregunta de qué fue primero, el huevo o la gallina. Algunas de las reformas del Estado seguramente van a crear desajustes. Por ejemplo, la propuesta de una reducción del personal en algunos sectores de la administración pública no prosperará porque es políticamente inviable dado el grave problema del desempleo en Uruguay. Sin embargo, si soplasen vientos favorables para la economía y el país comenzara a crecer sostenidamente, no me extrañaría que un gobierno de izquierda considerara una reducción del número de empleados públicos acompañada de un programa de reconversión laboral, en caso de que existieran posibilidades reales de que el sector privado absorbiera a un número considerable de los funcionarios cesados.

¿Prevé que un gobierno de izquierda pueda reducir la tasa de desempleo en el corto plazo?

Una alternativa muy atractiva para la izquierda sería reactivar algunas industrias de sustitución de importaciones que fueron destruidas por la apertura económica y la globalización porque podrían captar mucha mano de obra desempleada. Esa política ha comenzado a funcionar en Argentina con las agroindustrias e incluso con la industria de la vestimenta, que han vuelto a ser competitivas luego de la devaluación de la moneda y que tienen demanda en el mercado interno porque la gente no puede prescindir de esos productos.

Los gobiernos vecinos

¿Qué influencia ejercerán los nuevos gobiernos de Brasil y Argentina en el electorado uruguayo?

Sin duda Lula será la referencia para la izquierda y, quizás, Kirchner lo pueda ser para los partidos tradicionales. Los planes de obras públicas a que apunta el nuevo gobierno argentino para generar empleo pueden en cierto grado asociarse con la política batllista de la primera mitad del siglo XX. Si alguna fracción importante del Partido Colorado recurriera a algunos de los principios del batllismo tradicional quizás podría retener a muchos votantes que están desencantados con el gobierno de Jorge Batlle. Sin embargo, no sabría contestar cómo adecuar la visión batllista a la realidad del Uruguay del siglo XXI, donde el Estado no cuenta con las reservas que tenía hace cien años, ni puede aplicar más impuestos a la producción, como hizo Batlle y Ordóñez con los estancieros para construir el Estado benefactor.

El rol de los sindicatos

¿Qué rol prevé que desempeñe el PIT/CNT en el corto y mediano plazo?

Los sindicatos serán un factor clave en asuntos relacionados con el empleo y las negociaciones de convenios laborales con las empresas debido a la difícil situación económica de Uruguay. Esa importancia se verá incrementada dado que la tasa de desempleo seguirá siendo muy alta como consecuencia de cinco años de recesión.

Como las huelgas, por lo general, le crean inconvenientes a la población y eso genera un rechazo del público por los sindicatos, a medida que se acerquen las elecciones el EP/FA seguramente va a solicitarle al PIT/CNT que evite la proliferación de paros, especialmente de algunos servicios muy sensibles como el transporte. No sé hasta qué punto tendrán éxito esas gestiones porque, tradicionalmente, el movimiento sindical uruguayo ha sido muy extrovertido y combativo, como lo demostró no hace mucho en la huelga de los empleados municipales contra un gobierno departamental de izquierda.

¿Qué posición podría adoptar el PIT/CNT en caso de que el EP/FA llegase al gobierno?

Al principio, como siempre ocurre, estaría de luna de miel con un gobierno de izquierda y no me sorprendería que el titular de la cartera de Trabajo y Seguridad Social fuese alguna figura vinculada con el movimiento sindical. Es probable que represente al ala más izquierdista de un gobierno del EP/FA. Curiosamente, eso facilitaría que Tabaré Vázquez consiguiera más apoyo que el previsible de los partidos tradicionales, ya que podría negociar con los blancos y colorados la aprobación de proyectos más moderados que los que demandase el PIT/CNT.

Me pregunto, sin embargo, qué sucedería con los sindicatos un año más tarde si la situación económica de los trabajadores no empezara a mejorar sensiblemente. En todos los gobiernos de izquierda siempre se presenta el problema de cómo contener las demandas de sus propios seguidores. Si miramos a Brasil, vemos que Lula y el MST (Movimiento de los Sin Tierra) están teniendo serias diferencias. Supongo que en un par de años algunos sindicatos también complicarían a una administración del EP/FA que no va a poder aceptar todas sus demandas. Si bien el PIT/CNT no actuaría monolíticamente en contra de un gobierno de izquierda, creo que sí lo harían algunos sindicatos dominados por elementos radicales.

Programas muy convincentes

¿Qué estrategia deberían adoptar los partidos tradicionales en la próxima campaña electoral para descontar la ventaja que aparentemente les ha sacado el EP/FA, según registran las encuestas de opinión pública más recientes?

La enseñanza que han dejado las elecciones realizadas en Uruguay después de la dictadura es que el partido que gobierna pierde una cantidad considerable de votos. Como han sido los partidos tradicionales los que han estado en el poder en todo ese período, la mayor parte del electorado se ha ido trasladando gradualmente hacia el EP/FA, incluso en el Interior. Para detener lo que hoy parecería ser una victoria de la izquierda, los partidos tradicionales tienen la opción de volver a jugar la carta del anticomunismo como lo hicieron con éxito en el pasado, aunque no sé si tendrá mucho efecto en los votantes que han sufrido la recesión intensamente.

Si los partidos históricos quieren ganar la elección, sus programas de gobierno deberán ser muy convincentes al señalar que solamente ellos --blancos o colorados-- podrán sacar a Uruguay de esta crisis. Su contenido tendrá que ser una mezcla de soluciones prácticas con una dosis suficiente de anticomunismo, que logre despertar una cierta sospecha en los votantes de que no se puede confiar en la izquierda.

Será muy importante tanto para el Partido Colorado como para el Partido Nacional elaborar una buena plataforma electoral porque los votantes de derecha los apoyarán de todas formas, pero tienen que convencer al centro del espectro político, donde está la mayoría de los votantes independientes, que sus programas son más realistas y confiables.

Un ejemplo de malgastar fondos públicos

¿Qué efectos pueden esperarse en el área social después de más de cuatro años de recesión económica en Uruguay?

Seguirá en aumento el índice de delincuencia, se agudizará la polarización en términos de clases sociales, habrá mayor conflictividad laboral, etc. En resumen, pueden repetirse muchos de los males que Uruguay sufrió a mediados de la década de los sesenta luego de quince años de estancamiento económico. Sin duda habrá un incremento de la tensión en el ámbito social ya que los servicios públicos (educación, salud, vivienda, etc.) se han deteriorado significativamente durante la recesión económica.

¿Por qué los uruguayos han sido tan remisos en apoyar las políticas de apertura de la economía a pesar de los defectos manifiestos del intervencionismo del Estado?

Los uruguayos deberían estar muy orgullosos de los logros de su Estado en muchas áreas, pero la globalización ha impuesto nuevos criterios en la economía. Los avances tecnológicos requieren inversiones cuantiosas para mantener la competitividad de las empresas estatales de telecomunicaciones y de refinación de petróleo. Como un país de las dimensiones de Uruguay no dispone de grandes capitales, se hace necesario encontrar socios con importantes recursos financieros. Para proteger el patrimonio de las empresas estatales, Uruguay podría negociar las condiciones de la asociación con empresas privadas y también establecer qué áreas permanecerán bajo el dominio público.

Un país que es reconocido por su cultura política debería hallar el camino para que la derecha, el centro y la izquierda acuerden las limitaciones que tendrá un inversor extranjero que aporte capital en un contrato de asociación con Antel o Ancap. Quizás, el mayor obstáculo para lograrlo consiste en que Uruguay no ha tenido gobiernos creativos en materia de toma de decisiones durante un período extremadamente largo.

¿Hasta qué punto debería el Estado uruguayo reducir sus atribuciones?

Nunca debería hacerlo en materia social. Uruguay siempre ha tenido un alto nivel de capital humano y no se puede permitir un retroceso en esa área después de cinco años de crisis. Es necesario que la salud pública y la educación reciban mayor apoyo financiero del Estado que permita dar cobertura a todos los ciudadanos con bajos ingresos, lo que es perfectamente posible dado el número relativamente escaso de habitantes, la inexistencia de culturas indígenas en su población, una buena interconexión vial en un territorio no demasiado extenso, etc. A pesar de las serias limitaciones financieras que ha tenido Uruguay en los últimos cincuenta años, el Estado ha tratado de cumplir sus compromisos con toda la sociedad. No se pudo terminar la construcción del Palacio de Justicia por falta de fondos, pero se ha mantenido funcionando la seguridad social, la educación, la salud, etc., aunque no siempre se ha llevado a cabo esa tarea de la manera más eficiente. Un ejemplo de malgastar fondos en proyectos faraónicos, lo que no es típico de Uruguay, fue la construcción de la Torre de Antel.

FICHA TECNICA

Martin Weinstein, estadounidense, 61 años, se doctoró en ciencia política en New York University. Actualmente es profesor titular de Ciencia Política en William Paterson University (New Jersey). Ha sido profesor adjunto de Política en el Centro para Estudios Latinoamericanos y del Caribe en New York University desde hace dos décadas. Además de los dos libros que ha publicado sobre Uruguay, ha escrito docenas de artículos acerca de nuestro país. Tiene a su cargo la actualización anual del capítulo de Uruguay en la Enciclopedia Británica.

 

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